Big Data

 Fonte: CCPTIC - http://uoc.edu 

Desde hace años, las nuevas tecnologías permiten que cada cual monitorice y publique todo lo que hace en su vida pública y privada (a través de las redes sociales, por ejemplo). Igualmente, estas mismas tecnologías permiten a empresas y administraciones explicar al mundo qué hacen y con quién lo hacen. Esta información puede después ser puesta en relación: la búsqueda del nombre de una persona concreta en Google revelará no solo su lugar de trabajo, sino la foto de esa fiesta a la que fue, esa multa que le pusieron o ese día que salió en televisión. Al poner en relación pequeñas piezas de información, se va conformando una imagen digital de cada individuo.

Existen desde hace tiempo las tecnologías y los mecanismos para obtener datos sobre quién es cada uno y qué hace; en muchos casos, de hecho, los individuos son conscientes y cómplices de este proceso. Lo que ocurre detrás de la vista pública es el análisis masivo de estos datos para identificar y clasificar a los ciudadanos, con dos grandes objetivos: la seguridad (el control social preventivo y masivo) y el marketing (la identificación de perfiles de consumidores). Estos dos grandes objetivos, además, están relacionados: a menudo las empresas crean la infraestructura de recogida de datos (a través de redes sociales, servicios de mensajería o servicios de fidelización) y los gobiernos consiguen acceso ilimitado a esa información.

El cometido del Big Data es crear sistemas para la comprensión de esos datos, aportando fórmulas para establecer relaciones que aporten una información demasiado compleja para ser captada a simple vista. Es decir, antes del Big Data un supermercado podía saber si una mujer era cliente habitual, qué compraba y cuánto gastaba. Con el Big Data el supermercado puede saber, basándose en los patrones de consumo de esa mujer (captados por su tarjeta cliente) y el cruce de estos con otros datos (acuerdos estratégicos con bancos, empresas de seguros, etcétera), si, por ejemplo, está embarazada y en qué momento de gestación se encuentra. Este nuevo escenario tiene potencialidades como el desarrollo y optimización de nuevos productos y servicios, o la innovación y la generación de inteligencia sobre procesos sociales. Sin embargo, también tiene riesgos, como han puesto sobre la mesa algunas asociaciones de consumidores, que han denunciado la intromisión en el derecho a la intimidad.

Para entender los problemas que todavía conlleva el Big Data, pensemos por un momento en otra tecnología que en su día supuso un cambio a muchos niveles: el coche. Con la invención del motor se creó un dispositivo capaz de acortar tiempos de viaje y costes de transporte, pero también capaz de provocar accidentes. Así que la sociedad llegó a ciertos compromisos: se obligó a los fabricantes a hacer coches con medidas de seguridad para pasajeros y viandantes, limitamos las velocidades máximas, instalamos semáforos, y se creó un sistema de seguros y responsabilidad civil. No se ganaron todas las batallas y los coches siguen siendo capaces de ir a velocidades superiores a las máximas legales, pero a ningún fabricante se le ocurriría hoy sacar al mercado un coche sin cinturón de seguridad, aunque instalarlos suponga un coste mayor.

El problema del Big Data es que se ha construido el vehículo pero no se ha llegado a los consensos sociales, políticos y legales que permitan minimizar el impacto negativo de esta nueva tecnología. Se tiene claro cómo recoger masivamente los datos de la gente, cómo espiar cada uno de sus pasos, cómo compartir esta información con otros agentes económicos y cómo cruzar datos de centenares de fuentes diferentes. Ahora bien, se desconoce cómo proteger efectivamente a la persona que ha generado estos datos, ni cómo pedirle permiso y cederle el control de lo que ocurre con ellos.